Internet, y en general los medios digitales, se caracteriza por una profusión de nombres y conceptos de los que, por lo general, es mucho más lo que se escucha y se comenta que lo que verdaderamente se sabe. Lo que comúnmente se denomina como "web 2.0" no es ajeno a este fenómeno.
Por lo general, se asocia el concepto de "web 2.0" a todos aquellos proyectos digitales vinculados a redes sociales o a sitios cuya característica central es poseer contenido generado por el usuario final. Sin embargo, este concepto abarca mucho más que esas características. Se trata, sobre todo, de una actitud en el desarrollo de aplicaciones digitales en las que todo se enfoca mucho más hacia el usuario final, sus necesidades y requerimientos.
De tal manera, no es casual el advenimiento de miles de sitios que brindan soluciones y servicios cada vez más específicos (e, incluso, que los generan por su sola existencia). Un ejemplo son los sistemas de microblogging (publicación de mensajes muy cortos a través de la web o de celulares) que se han transformado, en poco menos de un año, en las grandes estrellas del paradigma 2.0, con millones de usuarios y miles de millones de mensajes publicados mensualmente. Alrededor de estos desarrollos, y aquí es donde está la clave de lo que llamamos 2.0, han nacido cientos de otras aplicaciones digitales que mejoran, subrayan, refuerzan o complementan algunas de sus funcionalidades.
En este fenómeno es donde encontramos la raíz de esta actitud que mencionábamos antes: los desarrollares buscan el qué y el cómo de los próximos proyectos en las necesidades mismas del usuario, innovando sobre las plataformas existentes y creando otras nuevas cuando el proyecto lo exige. Bajo lineamientos como diseño intuitivo, uso de software de código abierto, sindicación de contenidos, control de datos, respeto a los estándares internacionales y tecnologías dinámicas de programación, los desarrollos 2.0 apuntan pura y exclusivamente a satisfacer por completo al usuario, brindándole herramientas sencillas y novedosas para sus cada vez más cambiantes exigencias digitales.
